25.9.13

June Likes Paranoid.

June entrecerró los ojos molesta por el sol del mediodía que se filtraba a través de la claraboya del ático. Llevaba más de tres horas desgastándose los finos dedos sobre el marfil del piano, con la única compañía de Víctor recostado en la cama con un ejemplar de "El cadáver de la biblioteca" entre sus manos.

-Me gusta observar a la gente dormida, ¿a ti no? -preguntó la pianista para desembarazarse del incómodo silencio que se había abatido sobre ellos.
-Acosadora -respondió mordaz el joven.
Las mejillas de ella muchacha enrojecieron hasta el punto que tuvo que apartar la mirada de él para que no lo advirtiera.
-No, no lo decía en ese sentido, estúpido -murmuró-. Me refiero a que es el único momento del día en el que parecen verdaderamente relajados, libres de cualquier preocupación. Las arrugas se suavizan y en el rostro de algunos incluso se dibuja una sonrisa. 
-Se nota que no has visto un rostro crispado por las pesadillas.

Aquello molestó sobremanera a June, en la cual se encendió una mecha de enfado.
-¿Qué pasa contigo? ¡Solo estaba intentando hablar de algo agradable! Te abro las puertas de mi lugar más íntimo y tú me tratas de esta manera. ¡Eres exasperante! Siempre igual, te cierras en banda y no dejas que nade se aproxime lo más mínimo a tus pensamientos -farfulló cegada por la rabia y, acto seguido, golpeó bruscamente la tapa de su instrumento.

Las palabras se habían escapado tan rápido de su boca que apenas tuvo tiempo de comprender cuánto afectaban estas al joven y, cuando lo hizo, parecía ser demasiado tarde.
-Lo... lo siento... yo no pretendía... -dejó la frase evaporarse al ver el semblante de él, translúcido a sus sentimientos.

Jane nunca se había sentido tan retorcida como en aquel momento y lo acusó a su habitual falta de tacto con todo el mundo. Víctor había sufrido infinitamente más que ella, y cada uno de esos episodios había dejado una señal en su interior; múltiples rayas verticales agrupadas de cinco en cinco llevando la cuenta de cuántas veces le había llorado al silencio. Abrumada ante la situación, no pudo más que sentarse a su lado y rodearlo con los brazos intentando que la tormenta en su interior se calmase.

En aquel momento no fue totalmente consciente, pero había abierto una caja de Pandora de la cual pagaría caras consecuencias.

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