16.10.13

La chica piel de huracán.

Ella era pluviófila 
como el primer lunes de diciembre
y el último segundo de marzo;
e iba pintando atardeceres con la lengua dormida,
y desnuda
¡qué descaro!
viajaba acompañada por el sol bisiesto de su mejilla
hacia sus profundas noches de insomnio.

Ella era reflexiones de lavandería automática
y soñaba con tener piel de huracán;
donde su nombre ya no estuviese oculto
en lo más profundo de su vientre,
y donde el lunar de detrás de su oreja
rotase en un ciclo lunar completo
hasta formar constelaciones con las pecas de su espalda.

Ella era la reina de los suspiros de resignación
y la princesa de los "tengo sueño" a todas horas,
y nadie
nadie
había logrado nunca penetrar en sus pensamientos,
de esos que huelen a sal del doce de julio
y a cajón olvidado.

Venía en edición de bolsillo
junto con una pluma para intentar transformarla
o más bien, reescribir sus continuos cambios de humor;
y es que ella era como abril, 
u octubre,
porque nunca sabías si lo que asomaba por la comisura de sus labios
era una sonrisa tonta
o un grito de pulmones que
hartos de la toxina de su tristeza
se consumían poco a poco
hasta que sus ojos generaban
las tormentas interiores que tantos temían.

Y es que no habéis mirado al miedo a los ojos
si no os habéis ahogado en los de ella.



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