3.11.13

Ártico, antártico, ¿dónde diablos estás?

O donde diablos estés: a mí misma se le encoge el corazón cada vez que te vas ante la efímera posibilidad de no volver a verte, y te busca bajo el título de tu libro preferido con la esperanza de que aparezcas y desdibujes los nubarrones de su día gris.

Contra todo pronóstico, de vez en cuando se encierra en sí misma y desde la ventana de su habitación cuenta a cuántos centímetros por segundo caen las flores del cerezo.

Durante el invierno, también te busca: en conversaciones de madrugada y entre los huecos de sus manos, porque se mueve como un satélite en órbita espiral; hacia donde tú le indiques y hasta que te encuentre.

Mediante todo esto no busca más que alguien que descifre los jeroglíficos de los cuales está hecha -o no, quién sabe, mí misma es una chica complicada- para que pueda encontrarse entre sus pensamientos; y es que está tan perdida que todos han abandonado la odisea que supone encontrarla.

Por todo esto y algo más, te pido, te pide, que vuelvas; que según ella no sabe hacer esto sola, sin ti, y me da pena ver cómo se da cuerda a su corazón con tal de sentir algo.

Y antes de que se me olvide: también te ha buscado sobre su labio superior en sequía y tras el iris difuminado de sus ojos, allí donde a la chica piel de huracán se le forman las tormentas y en donde ella encuentra refugio cada vez que se pelea con tu mirada.

2 comentarios:

  1. No había visto que me seguías, y cuando he entrado y he leído esto pues.. ¡Yo también te sigo!

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  2. Ay, no había visto este comentario, ¡muchas gracias!

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