17.11.13

Miedo, la chica de los mil rostros.

El día en el que a Miedo le preguntaron su nombre era el sábado más frío de noviembre y a ella se le habían congelado las palabras en la punta de la lengua. Miedo era una niña muy niña, un alma cándida e incrédula hasta extremos rayantes en la estupidez y tenía quebrados los huesos que acompañaban cada uno de sus mil rostros. Miedo era un apocalipsis de emociones concentrado en un metro cincuenta y ocho de pura misantropía, pero también era una chica enamoradiza hasta el cartílago, o hasta la médula, o hasta la luna -ida sin retorno, por favor-; que a menudo se juraba a sí misma "¡soy feliz!", aunque solo fuese un mantra cínico con el que mantenerse a salvo del pánico. Qué irónico, Miedo se tenía miedo a sí misma. 

Mientras tanto, sus ojos buscaban inquietos los pendientes que días atrás creía haber dejado sobre el escritorio. O no. No lo sabía. Quizás los había perdido, de nuevo.

Y no pudo evitar pensar
que aquello era como cuatro inviernos atrás
cuando perdió sin remedio su mente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nulla dies sine linea. Con la tecnología de Blogger.
(still) © , All Rights Reserved. BLOG DESIGN BY Sadaf F K.