10.11.13

Pé, la niña des-imantada.

Pé se sentó en el borde del edificio y dejó que sus pies se balanceasen tan lentamente como el segundero del reloj cuando ansías algo. Le olían las manos a mandarina, y aquella acepción en su diccionario se encontraba bajo la palabra felicidad, porque con ellas -las mandarinas- no tenía que fingir. Y es que Pé vivía con una máscara permanente sobre su rostro, una máscara que ni siquiera olía como a ella le gustaba -esto era, a susurros pronunciados tan cerca de la piel que provocaban que esta se erizase- ya que su única función era evitar que las personas entrasen por descuido, o intencionadamente, a los terrenos más profundos de su ser. Allí donde habitan los monstruos. 

A Pé se le daba muy bien fingir. Nunca se sonrojaba y las palmas de sus manos eran perfectamente comparables a un desierto en pleno julio; sus pupilas solo se dilataban cuando un exceso de luz reptaba entre las cortinas los domingos a las nueve de la mañana.

¿Quién era Pé entonces? Pé no era nadie, Pé era todos. Pé era una niña des-imantada cuyos párpados estaban hechos de bruma roja y en cuya garganta crecían cristales rotos. 

Mientras tanto, los pies de ella se habían detenido dos segundos antes de que un "oh, bueno, no importa" escapase presto de su boca y una gran no-verdadera sonrisa estirase las comisuras de sus labios hacia arriba hasta colocarlas en la posición correcta.

4 comentarios:

  1. Pé no era nadie. Pé era todos. Qué silencio se ha formado de pronto. Qué silencio tan hermoso.

    HTR.

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    1. Pé podemos ser tú o yo, incluso el silencio que se ha formado es Pé.

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  2. Pé son todas las mandarinas del mundo.
    Dile hola a Pé de mi parte si la ves.
    Okay <3

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    1. Pero solo las mandarinas, ¿eh? Nada de otras frutas.
      Pé dice que estará encantada de conocerte algún día, okay<3

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