10.12.13

Contrarreloj.

Deja que sea yo la que dé cuerda
a los relojes de tu mente descarrilada;
deja que sea yo la que se cuelgue
de tus costillas carentes de sentido.

He estado huyendo tanto tiempo
que solo me falta un suspiro
para desvanecerme ante mis propios ojos,
mientras las últimas esquirlas que me componen
se vacían en tu iris candente.

De nuevo, haciendo daño.
Pero qué esperabas de una persona
cuyas heridas aún no han cicatrizado.

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