17.1.14

Dos segundos y una bala.


Imaginemos que somos
dos segundos y una bala
que dispara las palabras
que nunca tuvimos valor de decirnos aquel diciembre
-entre líneas-.

Imaginemos que somos
navegantes de tormentas
errantes, interiores
como el tiempo que no existe
-solo los relojes lo hacen-.

Imaginemos que somos
ese tren que nunca llegará
o la lluvia de madrugada;
momentos tan efímeros
que no caben tan siquiera en un parpadeo.

-Y dime tú de que estás cansado
porque ni yo misma consigo encontrarme-.

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