3.3.14

Gabrielle.

Solía hablar sobre camas de hospitales vacías, sobre cómo había mantenido sexo con extraños y sobre el olor de la calle a las seis de la mañana, cuando todos se encontraban aún en el refugio de sus sueños -que no son más que espejismos en un desierto de realidad- y ella ya había tocado fondo en la tercera botella. De sus besos sabor cerveza. De las cenizas ahogadas en sus pulmones porque no era tan valiente como para ahogar sus penas; o tal vez es que estaba demasiado enamorada de ellas como para ahogarse en sí misma. La había oído hablar sobre sus tres mareas o cambios de humor según las fases de la luna. Sobre los jerséis de punto y cómo había subido el precio del tabaco. Y decía que el café no era en realidad tan bueno, porque ella era mucho más amarga. 

Pero nunca, nunca, la había oído pronunciar aquellas palabras. Palabras que sentí precipicio, o que me hicieron sentir precipicio o tal vez, simplemente, es que cogió mis sentimientos y los envolvió con un bonito lazo de hipocresía, para seguidamente tirarlos por el precipicio.

2 comentarios:

  1. Palabras de las que hacen un nudo en el estómago que no se va nunca, por eso es mejor no saberlas.

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