7.4.14

Aún.


Aún recuerdo cómo me colgaba de tus pensamientos en formato malabarista, y de aquel vestido de flores que solo dejaba reposar sobre la silla cuando hacía lluvia. Entonces, lo sustituía por una falda gris pizarra que, decías, me hacía las piernas bonitas. 

Aún nos recuerdo respirando neón a últimas horas de la noche, en aquel puente, nuestro puente; lleno de cigarrillos que nunca serían fumados, porque a ti solo te gustaba intoxicarte con mis ideas y yo ya venía intoxicada de fábrica.

Aún nos recuerdo allí, donde todos solían gritar dejándose los pulmones sobre el hierro, 
tú y yo lo haciéndolo para nuestros adentros, como balas a contrarreloj que buscan llegar a su destino antes que ningún otro poeta
para poder hacer daño a su manera; 
y que la metáfora más repetida sea yo convirtiéndome en la esquina superior izquierda de tu labio, 
porque sí, ahí me he dejado la voz y vuelvo a hacerlo cada vez que me dices que sueñe más alto, que no basta con ser la niña pequeña que juega al escondite con sus miedos.
Y entonces ríes.

A veces enfurezco y solo quiero que llueva para que me digas que sigo teniendo las piernas más bonitas que ninguna, los labios más rojos que tu pelo y una estupidez infinita.

Qué jodidamente bien sonaba aquello de tu boca.

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