8.6.14

Al kilómetro treinta y uno. A la octava supernova.

Para M, que supo querernos por los dos cuando yo no me quería a mí misma.
Te quiero.


Al kilómetro treinta y uno más erróneamente acertado de todos:
te he encontrado.

Te he encontrado y he perdido el miedo al miedo porque he ganado el miedo a perderte, quizás el único contra el que no libre una batalla; porque ya sabes, si a ese lo pierdo, no me queda nada.

Sigo siendo la misma chica nerviosa que hace un año no creía en eso de enamorarse porque nunca se había astillado el corazón siete veces seguidas por la misma persona y, como dijo Benedetti:
"eras sí pero ahora
suenas un poco a mí.
Era sí pero ahora
vengo un poco de ti".

Y sí, que no, que ya no te quiero la mitad y un poco más sino el minuto completo; te has ganado esa medalla que se le da a las personas valientes por intentar nadar dentro de otras, sin temor a ahogarse aunque solo haya tormentas.

Y sí, que no, que esto no es un principio porque mi principio ya lo fuiste hace mucho, tu final ha acabado con el mío y después de todo solo hemos quedado tú y yo,
mirándonos,
buscándonos,
sin saber hacia dónde volar si no es de la mano del otro.
Y sí, que no, que con esto no pretendo sino recordarte y decirte, a ti, porque suenas tan bien entre mis labios en todos los formatos, que no pienso dejar de morderlos para seguir teniendo tu nombre en mi boca.

Y que sí, que no, que ese "esta noche tengo insomnio de ti" va a convertirse en "esta noche rompo las ventanas y duermo a tu lado".  

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