5.8.14

Capicúa.


Los números capicúa son aquellos que se leen igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, 
como yo cada vez que te leo rozando tus pecas con las yemas de mis dedos. 
Por eso pienso que somos dos números capicúa en medio de un mes cualquiera; 
por eso y porque el dos siempre fue mi dígito preferido.

Nunca nos hablaron de las canciones en las que no nos convertiríamos, 
de que no nos cumpliríamos en forma de deseo 
y de que habría sonrisas que jamás expirarían en nuestras gargantas, 
aun con fecha de caducidad. 
Tuvimos que descubrirlo nosotros mismos. 
Y después de eso tuvimos muchas más ganas de continuar, 
de aprender a volar con las alas del otro y saltar sin miedo a caer, 
buscarnos dormidos y encontrarnos soñándonos; 
de aprender a tocar jazz y blues no para ser el alma de la fiesta, sino dos almas que cada vez que se encuentran se sienten en una, 
de aprender a aprender, 
a aprendernos; 
y es que si hubieses sido veneno habría bebido y tragado.

Quizás es que siempre he sido demasiado huracán y nunca me han hecho una radiografía al corazón, 
pero sigo enumerando todos mis principios con tu nombre y acabo todos mis problemas con él, 
como el primer día. 
"Definitivamente vas a romperme y definitivamente voy a dejarte hacerlo" -sentencié; 
"No me interesan las piezas rotas" -respondiste, 
y desde ese día sigo entera y con todos los océanos tratando de escapar.

He tomado mi dosis diaria de muerte y te he echado de todos los menos posibles pero sin un solo de más en la lista.
No pretendo demostrar nada con ello, 
solo aclarar que a veces es difícil dormir con el otro lado de la cama vacío sin estar borracha,
y que para poder hacerlo necesito salvarme, 
y que solo lo consigo cuando llego a tu piel -¡casa!- y grito:

por ti, 
y por todas tus consecuencias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nulla dies sine linea. Con la tecnología de Blogger.
(still) © , All Rights Reserved. BLOG DESIGN BY Sadaf F K.