3.8.14

Cuatrocientas veintiuna catástrofes.


A veces tú,
a versos yo
y a catástrofes nosotros.

Las personas vienen y van
y a veces,
deja de ir y de venir y simplemente se marchan.
Tú te subiste a lo más alto de mis costillas,
e hiciste de mi tripa tu reino
con capital en mis labios;
cuatrocientos veintiún movimientos después, aquí sigues.

Somos la excusa más barata de ausencia
y eso que ni siquiera nos hemos dado cuenta de todo lo que nos falta,
pero sí nos hemos dado de bruces
y también nos hemos dado a secas,
tanto que mis estaciones olvidan su paso sin ti.

He jugado mis esperanzas a un todo o nada,
pero no he ganado ni he perdido;
me he quedado con las cartas en la mano y muchas ganas de bucear en tu orilla,
porque es verdad que hace falta valor para tirarse de cabeza donde no cubre,
y yo soy muy poco cobarde
y muy poco valiente
como para ello.

Nos matamos un rato
pero nos queremos en la siguiente vuelta de reloj,
y ya no sé quién dicta el compás de mis propios pensamientos.

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