3.8.14

Vías de escape.


Cierta noche reparé en el tiempo de cambio de los semáforos, en cómo unos morían por otros y no pude evitar pensar en nosotros. No pude evitar pensar en mí, autoestopista, y en ti, saltándote todos los stops, cruzando sin mirar en todos los rojo-corazón que encontrabas e ignorando todos los controles de alcoholemia en las venas de mi diástole.

No pude evitar pensar que por muchos andenes que tuvieses yo siempre acababa buscando el precipicio por el que saltar al tren, para caer de boca contra tus miedos y besarlos todos, porque ya sabes, ellos también necesitan a alguien que les mire las rodillas y les diga que esas heridas se van a curar.

No pude evitar pensar que a veces echo de menos mi propia compañía. Se me ha olvidado cómo gritar sin que el eco me haga confundir mi yo cobarde con mi yo valiente y se mezcle todo y solo quede tu voz.

No pude evitar pensar que al final siempre acabo siendo esa bala que sala disparada hacia el corazón de todos, porque el mío está a bajo verso y ya no se puede arreglar; y tampoco pude evitar pensar que precisamente a los que prometen un "para siempre"

aun no se les ha roto ese corazón.

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