9.10.14

Universo infinitamente tú.




A J. y a N., que no supieron ver más allá de mi boca.
A M. que vio a través y supo sacarme de allí.


Todo empezó cuando 1999 sonaba en la radio y tú aun tenías ganas de descubrir universos infinitos. Cuando no había nadie por las calles, nadie en nuestro cine y nadie en tu cabeza que no fuese yo. Cuando emborracharse solo significaba beber tantas palabras del otro que al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente, siguieran retumbando en nuestras propias gargantas.

Me gustaba retarte. "Cuando diga ya, manos atrás, boca abierta y prepárate para mis huracanes". Pero nunca te gustaron mis retos. No abrías la boca. Rechazabas mis huracanes. Tus dedos no supieron mantener el magnetismo y dejé de ser la niña imantada que te esperaba cada viernes tarde en el tercero segunda. "Si salimos de esta" dijiste, prometo sustituir este nada por un todo; pero en nada se quedó y yo, ingenua, te hice las maletas para que pudieras huir de mi vida con el abrigo puesto. Creí tener una confianza ciega en ti, pero lo único ciego de la historia fueron mis ojos, que no supieron ver más allá.

Mis cartas a todas tus catástrofes no cesaron. Seguí estando cínicamente muerta y en intentos de borrarte, borré mi propio nombre de la capa de piel que tenía el tuyo. "Me llaman Octubre" empecé a presentarme, "y no pretendáis saber más de mí".

Pero no todas las Onirias están perdidas, y yo ya he encontrado a mi Insomnia perfecta con la que bailar en todas las cornisas de todos los pisos veintitrés. No le hacen falta cables porque sabe sostenerme con palabras. Me mira con su pelo rojo cayéndole hacia el lado sobre el que también cae su sonrisa, y susurra que los culpables han sido todos los incendios de nieve que intenté recrear con una lupa enfocando a la luna. Lo miro, y cada vez que me lleva allí dónde solíamos gritar, solo soy capaz de articular "Houston, tenemos un poema y eres tú, mi problema favorito".

Ya no necesito maniobras de escapismo porque con él hasta el laberinto es casa, las noches son reversibles y tras la puerta 667, se vuelven eternas. Tú me prometiste ser los niños del mañana, pero a su lado, somos seres únicos sin necesidad de agujas que midan el tiempo o se claven en el hemisferio equivocado; a su lado la única meta del segundo asalto es llegar a la guarida del otro y hacernos con la victoria.

Y ya no te escribo a ti, sino a mi nuevo John Boy:

no quiero girarme entre la gente y que seas tú,
sino encontrarnos en todos los días no vividos de 1999.


Esta es una entrada inspirada por uno de mis grupos favoritos, Love of Lesbian. Las palabras en negrita se corresponden con títulos de sus canciones. Las fotos son mías, así que agradecería que no se usasen para ningún fin sin mi permiso.

2 comentarios:

  1. Creo que el amor por este grupo es mutuo y de verdad, la cara de asombro que tengo ahora mismo no me la creo ni yo.
    Demasiado bonito para ser cierto.
    Esto es de otro planeta que ni Santi Balmes lograría entonar en canciones, así que solo puedo decir que me has dejado exhausta, sin palabras. ¡Alucinante!

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    Respuestas
    1. Muchísimas, muchísimas gracias. Creo que lo que me has dicho me viene grande, pero no quita que me siga haciendo la misma (enorme) ilusión.

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