18.11.14

Odiar con deseo.



No te odio pero ojalá.

Ojalá tengas que jugar al escondite en tu interior y nunca toques casa.

Ojalá tras el "un, dos, tres, pollito inglés" te encuentres todas las dagas clavadas en la espalda al girarte.

Ojalá tengas que huir de ti corriendo en el pilla pilla.

Ojalá tropieces cuando vayas a recoger la piedra de la rayuela y nadie venga a tenderte una mano limpia,
un beso en las rodillas,
alcohol para desinfectar la desilusión.

Ojalá saltando a la comba te enredes con tus mentiras,
tu lengua sibilina,
tu falsa boquita de piñón
y tus ojos oscuros.

Ojalá algún día te castiguen por hablar demasiado, y te pongan de cara a todos tus miedos.
Ojalá que cada uno de ellos pose en ti la mirada,
y ojalá que todos los demás la retiren con desprecio.

Ojalá sepas lo que se siente al ser un blanco fácil, 
un agujero negro que engulle todas las fechas sin poder evitarlo.
Ojalá sepas lo que se siente al sufrir un daño colateral,
un daño entero,
al ser tú el daño.

No te odio,
 pero ojalá las flores decidan marchitarse a tu paso,
la primavera no se digne a morderte la piel
y nadie quiera buscar constelaciones en tu espalda.

No te odio,
 pero ojalá te llueva la realidad en los hombros y no tengas tiempo de taparte la cabeza,
desgraciada
zorra
malnacida.

Y sí,
es a ti,
poesía.

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