12.1.15

Suposición del final de una carta.



Digamos que fue alguien que prometió mucho ruido entre tus piernas
a las cuatro de la mañana
con los tacones aun en la mano; 
o a las cuatro de la tarde
con tus ojeras tratando de auxiliar a tu pelo revuelto.

(Digamos) 
que fue alguien que prometió mucho ruido en tu ala oeste,
que fue alguien que prometió cambiar la música de todos los ascensores que llevaban a tus ganas
y ordenar tu desorden para luego desordenarte a ti misma.

Digamos que fue alguien que prometió tanto ruido 
que acabó por dejarte sorda, 
sin haber aun empezado a contar cuántos botones había en tu blusa
para saber el número exacto al desabrocharlos después.

Y al final, ni siquiera hubo nueces.

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