7.6.15

Diecinueve cuarenta y ocho.



El reloj marcaba las 19:48 y las luces seguían brillando delante de mis ojos, tratando de cegarlos, celosas de que no fuesen ellas mi único centro de admiración. Todo estaba parado, dormido, como un poema que aun se gesta; como alguien que busca su nombre. Yo te buscaba, mis manos rodaban por esa oscuridad pugnando por encontrar otra vida a la que aferrarse. Te buscaba, te buscaba con el grito en la garganta y las cuerdas rotas. No sabía moverme sin que deslizases tus dedos entre mis hilos.

En el escenario todos aplauden: se cierra el telón, pero no me quito la máscara. La he llevado tanto tiempo puesta que ya no sabría qué hacer con ella. 

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