15.11.15

Paisajes artificiales

LA SALA DORADA

(Una mañana en la Casa de Pilatos)

Extraído del libro de mi padre, Paisajes Artificiales



"Recuerdo aquella mañana. Necesariamente, la luz empujaba nuestros corazones, de tal forma que ignorábamos por dónde caminábamos y, francamente, cómo habíamos llegado hasta allí. Cada mirada era un descubrimiento y cada esquina un hallazgo. Íbamos en silencio recorriendo las salas, los patios, las galerías en penumbra, deslizábamos las miradas por los alicatados, por los suaves y cristalinos enlucidos, por las esculturas de otro mundo, que, sin embargo, pertenecían a este por los siglos, en fin, por el jardín en silencio, abriendo ángulos insospechados, nuevas perspectivas a nuestros inquietos espíritus; en esa pequeña naturaleza secreta descubrimos el salón dorado como una visión perfecta, el color y la forma en comunión por un instante, sólo el instante que permite la emoción contenida sin colmarnos, la esquiva plenitud del instante. Largo tiempo me pareció vivir en aquel lugar, donde un durmiente y su sueño parecían confundirse en los relieves de la piedra tallada: las armas callaban y el cuerpo prolongaba, lo que ya era una pesadilla, en un perpetuo letargo... ventana abierta al pasado, el recuerdo de la sangre se convirtió en panoplia y ésta se había hecho piedra. Allí no había más vida que la nuestra.
Para mí todo era asombro sereno. En ocasiones, la feliz perplejidad nos asaltaba, como en esa fuentecita, compendio de ingenio y belleza, cuya taza enterrada, casi perdida a nuestros pies, siempre estaba llena y nunca rebosaba. Tú la fotografiabas, no sé si maravillada ante el propio desconcierto o, simplemente, porque no querías dejar pasar la verdadera intención del momento, y contar, de esta manera, con algo más sólido, más acabado y perfecto que el futuro recuerdo, aunque esa solidez solo se sustentara en la memoria artificial de tu cámara.
Sin darnos cuenta, todo fue contemplado, todo fue registrado a la manera de una última confesión, que quedó sellada al traspasar de nuevo el umbral, y para entonces, tanto pasado se había acumulado ante los ojos, que nuestras miradas se silenciaron. No sé qué ocurrió aquella mañana en el palacio, pero guardo la sensación, algo confusa, de, al salir, no haber cerrado alguna ventana."

-Óscar Ramírez

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