5.10.16

EL ODIO



Carne de cañón, vísceras, sangre
hablamos mañana, mañana no hablamos.

Me arrastro y me despojas de toda dignidad,
y sufro en mi piel todas tus enfermedades
y te sufro enfermo
y enfermo de tanto sufrirte.

Me tocas,
me tocas las costras y decides arrancarlas
porque eres un inconformista,
porque te encanta hurgar en la herida fresca
y decirme
"el rojo te sienta de muerte mientras te estás muriendo".

Te lamo la mano con la que me golpeaste la boca,
porque mi boca había besado a otras bocas
y esas bocas habían encontrado el cielo conmigo;
y sólo tú
solo tú querías tener las llaves de mi éxtasis.

No te preocupes, sé con certeza que no habrás llegado a comprender 
que me sentí sucia
que me derruí y empecé a cincelar una mujer más débil,
y tuve que taparle todos los sentidos a mi niña interior
para que no formase parte de aquel burdo espectáculo;
qué vergüenza me daba que se lo contase a la que soy hoy
y no querer perdonarme nunca,
o no poder hacerlo 
por cualquiera de las incapacidades que diste a luz en mí.

Supongo que podría haberte dedicado algo más complejo
lleno de metáforas y símiles
y paralelismos e hipérboles,
y todos aquellos recursos que nunca le hicieron falta
a tu escéptica y escrupulosa mente;
pero dime
cómo quieres que camufle
que mute
que metamorfosee
esta podredumbre que pende de cada uno de mis vértices,
y corrompe los últimos vestigios de pureza
si lo has devastado todo.

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