3.11.16

Especulaciones sobre lo que algún día pasará



Un día de noviembre entraste en mi habitación, y en un acto reflejo me cubrí el cuerpo con las manos. Nunca me había sentido tan desnuda.

Habías descubierto mi refugio, y allí estaba el póster de Klimt (Las tres edades, ya sabes, mi favorito), y las siemprevivas y las margaritas. Las cajas con los pendientes y collares del día a día, que siempre tintinean al chocar unos con otros; las dos cámaras, los seis cuadernos escritos en cuatro años.

Una, dos, tres camisetas con olor a sudor y a borracha; el otro póster, de Django Desencadenado, mis discos de los Smiths y Love of Lesbian, los cascos y las entradas de conciertos, y las pastillas anticonceptivas, y el cuadro con el significado de mi nombre (dueña y señora).

Libros a medio leer apilándose; libros subrayados, doblados, manchados de lágrimas y con el eco de la risa todavía latente entre sus páginas; el tabaco de hace dos semanas y los bolsos que me puse hace tres. Los botines, botas y tacones; la papelera llena de zumos y papel roto e ideas tachadas, el cartel del primer día que recité en público.

Mis polaroids y las fotos de cuando era un bebé; el dibujo de una litro de Cruzcampo y el de Eva con la cabeza de Adán en la mano.

La ropa interior que llevaba el primer día que nos acostamos y todos los días que nos acostaremos, el maquillaje con el que no me siento insegura y la colonia por la que todo el mundo me pregunta (en el comedor de la facultad, en los ascensores, en clase: vainilla).

El libro de economía, el guión de nuestro primer corto y también el de Matar a Platón.

Y mil sueños y recuerdos deslizándose por las paredes de una habitación en la que sólo hace cuatro meses que vivo.

Pero me sentí desnuda.

23.10.16

La cura


Para A.

Te escribo en este estado de niña febril, enferma
y sólo me atrevo a confesarme con las mejillas calientes
y los delirios sobre la almohada.

Tengo miedo del roce de nuestros poros
porque en otro momento, otra persona
se encargó de coserme, a base de llantos
unas alas de polilla sin polvo,
convirtiéndome en la criatura vulgar que ni siquiera puede volar.

Tengo miedo de contagiarte mi miedo
de que descubras mis lamentos y te lamentes por ellos,
de sólo ser capaz de mostrarte las cicatrices de los aguijones que me ha ido clavando
mientras su boca se llenaba de oro y se coronaba el rey de la bondad;
¿y yo?
una esclava en las mazmorras de su mente
sempiternamente atada.

No te buscaba,
pero me acogiste como el niño que encuentra a la cría que se ha caído del nido,
con la bondad de los que conocen esa incapacidad del olvido,
esa memoria selectiva que tortura.

Calmaste la tormenta de mi vientre,
desmadejaste cada incertidumbre,
ignoraste que yo era el ácido que corroía cada hueso que no respetaba mis murallas.

Y ahora, gesto con el cuidado y la inexperiencia de una madre primeriza
esto que no sé llamar, y que crece en mi caja torácica
y que me asfixia como si toda la ria de mundo quisiera llenar estos valles 
y estos pliegues
de os que estoy hecha.

No todos creen en Dios, alma mía
pero seguro que Dios cree en nosotros.

5.10.16

EL ODIO



Carne de cañón, vísceras, sangre
hablamos mañana, mañana no hablamos.

Me arrastro y me despojas de toda dignidad,
y sufro en mi piel todas tus enfermedades
y te sufro enfermo
y enfermo de tanto sufrirte.

Me tocas,
me tocas las costras y decides arrancarlas
porque eres un inconformista,
porque te encanta hurgar en la herida fresca
y decirme
"el rojo te sienta de muerte mientras te estás muriendo".

Te lamo la mano con la que me golpeaste la boca,
porque mi boca había besado a otras bocas
y esas bocas habían encontrado el cielo conmigo;
y sólo tú
solo tú querías tener las llaves de mi éxtasis.

No te preocupes, sé con certeza que no habrás llegado a comprender 
que me sentí sucia
que me derruí y empecé a cincelar una mujer más débil,
y tuve que taparle todos los sentidos a mi niña interior
para que no formase parte de aquel burdo espectáculo;
qué vergüenza me daba que se lo contase a la que soy hoy
y no querer perdonarme nunca,
o no poder hacerlo 
por cualquiera de las incapacidades que diste a luz en mí.

Supongo que podría haberte dedicado algo más complejo
lleno de metáforas y símiles
y paralelismos e hipérboles,
y todos aquellos recursos que nunca le hicieron falta
a tu escéptica y escrupulosa mente;
pero dime
cómo quieres que camufle
que mute
que metamorfosee
esta podredumbre que pende de cada uno de mis vértices,
y corrompe los últimos vestigios de pureza
si lo has devastado todo.

8.9.16

La poesía en los tiempos del cólera


el dolor se fragua en mis entrañas como pájaro incesante que construye su nido

están dándole vida a las las ruinas de una ciudad que me esforcé en destrozar para llamarme Roma

he usado para conquistarte palabras que otro usó para conquistarme, y me doy asco

aúllo en el silencio de todas las niñas que van a ser silenciadas en lo que queda de historia.

3.9.16

DÍA 1: EL RECUERDO DE UNA FELICIDAD MEJOR


foto: Tina Sosna

El verano siempre me trae recuerdos de cuando era aun lo suficientemente pequeña como para la ingenuidad, y me iba de vacaciones a la playa. 

La hora y tanto en el coche que se me hacía irremediablemente eterna, entre sueños e infantiles "¿cuánto falta?"; reunirnos toda la familia en el piso y repartirnos las habitaciones a las que mi madre se había encargado de poner nombre anteriormente, llevarme horas mirando las estanterías llenas de juguetes antiguos, hasta que conseguía que me dejasen los barriguitas; llenarme de agua cambiando de color el pelo de unos muñecos de los que, en aquellos años, solo quedaba ya una serie de televisión. 

Las pinzas en forma de mariposa que mi tía colgaba en las cortinas, de las que más de una vez nos asustábamos creyendo que lo eran de verdad; los helados de piñón y nata de mi abuela, el olor a café y todos juntos desayunando, el mosaico que había camino a la playa que a mí me recordaba a las pizzas de jamón y queso (siempre quise coger una tesela y metérmela en la boca), los moldes para hacer formas de animales en la arena, cuando me convertía en chef y hacía mis "sopas" prodigio de agua y arena, mi padre diciéndome que iba a quitar el tapón de la playa para que no pudiese bañarme, la habitación de mi abuela y sus muebles blancos, tentación para todos los nietos y sufrimiento por su parte, por si manchábamos algo; el día en que mi tía me regaló una muñeca con el pelo azul de la que no me separé el resto del verano.

Mi abuelo bebiendo vino cuando aun podía, el sofá amarillo donde había peleas por echarse la siesta, el adobo y las cenas en la freiduría, el tiovivo que me daba miedo porque tenía una figura enorme de Espinete, y a su lado un lagarto negro con sangre en el pulgar; las campanadas desde mi ventana, el día en que mi primo saltó encima de mí en la piscina e inmediatamente sentí a mi padre sacándome del agua, la espuma de la playa, que a mí me recordaba a la espuma de la cerveza; que todos me dijeran que había salido a mi abuelo porque era la niña más morena de la familia, los mayores jugando a las cartas y al dominó en la terraza, mi madre bañando a mi hermana en un cubito porque solo había placa de ducha; la felicidad, en fin, en su forma más dulce e inocente.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces.

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